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viernes, 27 de octubre de 2017

SER FIEL A TI MISMA

Ser fiel a ti misma es la base de la autoestima, porque como cualquier relación esta también está basada en la confianza. Cumplir tu palabra y no abandonar a la primera dificultad te convierte en una persona sólida y coherente, la mayor fortaleza es la perseverancia. Por ello es interesante preguntarnos sobre la clase de compañía que somos para nosotras mismas: ¿Con quién te quedas cuando te quedas a solas?

A la vez nadie se construye desde la soledad, del contacto con el mundo surgen las ideas y los deseos, y de la colaboración con los demás las acciones más productivas. Es importante que te abras al mundo y que en lugar de compararte aprendas de las personas que te rodean. Podríamos decir que nuestra autoestima es el producto de un compromiso interno y de una relación cariñosa y creativa con el mundo.

Por otro lado necesitamos sentirnos valientes para creer en nuestra valía. El miedo a ser juzgadas, a resultar demasiado problemáticas o a ser excluidas del grupo no debería frenarnos en las ocasiones en las que vemos con claridad que algo no es adecuado. Si no te acostumbras a hacer que tu voz cuente no sabrás defenderte, y nada es más dañino que ser maltratada o que abusen de ti. A veces somos demasiado tolerantes, y con las faltas de respeto es fundamental no serlo. No reaccionar ante un trato injusto desactiva lo mejor de nosotras mismas porque implícitamente supone traicionarnos. Nadie tiene derecho a ser agresivo contigo y todas las relaciones deben ser equitativas, porque siempre es perjudicial dar más de lo que se recibe. Las disculpas deben exigirse, y el perdón administrarse con sabiduría, para que no sobrevengan excesos que generen daños irreparables. Así vemos que hay entornos y compañías incompatibles con el respeto y el amor, el mayor favor que puedes hacerte es ser cuidadosa a la hora de elegir tus compañías y “sacarte” de cualquier lugar que resulte dañino, ¡no te abandones!

Mirar por ti hace que la vida sea más “a tu medida”, pero el miedo a resultar “egoísta” nos “entrampa” demasiadas veces. Buscar abiertamente el bienestar es fundamental, cada uno debe defender sus intereses, lo importante es que sea de una forma sincera y flexible. La palabra clave es negociar, y la base para ello tener el coraje de ser sincera con tus deseos y necesidades. Lo opuesto a la autoestima es la vergüenza, la cual nos lleva al ocultamiento y la falsedad, es decir a traicionar nuestro verdadero ser.

Si no eres tú misma no eres nadie, y por lo tanto el sentimiento es el de que no “valer” nada. Necesitamos actuar de manera espontanea, descubrir nuestros verdaderos deseos y entregarnos a lo que nos resulta más satisfactorio. Sin el placer de ser libre, la vida se convierte en una serie interminable de rutinas en las que te acabas perdiendo. Que no te preocupe ser “rara”, no hay mejor manera de fracasar que tratar de dar el gusto a todo el mundo. Cuando mejor salen las cosas es cuando te concentras y las haces a tu modo. Si actúas bajo tu propio criterio y fracasas, seguro que puedes aprender algo. Si te dejas influir demasiado por las opiniones de los demás, cuando te equivocas te sientes mal por no haber seguido tu intuición y no haberte puesto a prueba a ti misma, un nuevo ejemplo de lo que es faltar a esa fidelidad que te debes.

Claro que para poder lograr esa independencia es necesario perder el miedo a equivocarse, y para ello valorar por encima de los resultados el esfuerzo que supone haberlo intentado. Ser demasiado estricta resulta destructivo, el estrés que produce es incompatible con la felicidad. Si no eres capaz de reírte de tus defectos y de asumir con deportividad tus limitaciones te conviertes en tu mayor problema y probablemente sacrifiques tu encanto personal, ya que este está siempre basado en la espontaneidad.

Cuando se habla de autoestima se suele invocar siempre al “pensamiento positivo”, suponiendo que repitiéndote mensajes optimistas acabarás convenciéndote de algo. El pensamiento positivo está de moda, pero lo que siempre ha funcionado es ser realista. No se trata de lo que te dices, se trata de lo que haces y lo que consigues. Analizar las cosas con la mayor objetividad posible te ayuda a ser previsora y calcular adecuadamente tus fuerzas, lo cual es la base del éxito. Dejarse llevar por el deseo de creer en algo sin haberte cerciorado antes de si es realmente factible, resulta irresponsable y hasta peligroso. No intentarlo porque de antemano supones que va a ser inútil exactamente igual.
Un exceso de “fe” anula nuestra capacidad crítica y nos vuelve manipulables, hay muchas personas que te van a decir lo que quieres oír para conseguir algo a cambio, y muchas otras que se van a beneficiar de que no te guste hacer preguntas. El reto es conseguir ser realista, sin miedo a reconocer las dificultades y manteniendo una actitud constructiva, esto es lo que te permitirá ser una persona más libre y capaz.

Por último no debemos olvidar que hay momentos de la vida en los que tener autoestima es una utopía, son épocas en las que el dolor o la enfermedad prácticamente te anulan y convierten cualquier consejo en algo inalcanzable. Nunca te compares con nadie, otros pueden parecer más “fuertes” pero tú te debes buscar una salida y sobreponerte a cualquier vergüenza. Ser “fuerte” no es una obligación, como tampoco lo es “poder sola”, y desde luego nadie lo consigue durante toda su vida. El dolor físico o emocional puede resultar devastador cuando dura demasiado tiempo, por ello es importante saber pedir ayuda y no conformarse con una vida desgraciada. Ser fiel a ti misma supone no dejarte “tirada”, no juzgar tus debilidades y cuidarte bajo cualquier circunstancia.